Por Roberto Inclán. Editor y analista de política alemana.

¿Está la salud por encima de la economía y la seguridad pública por encima de nuestras libertades? La respuesta de nuestros políticos actuales a estas dos difíciles cuestiones ha sido un rotundo sí, al menos por el momento. Si bien la crisis sanitaria provocada por la covid-19 no ha afectado a todos los países por igual, sí ha marcado la tendencia de que merece la pena pagar el coste económico que sea necesario para proteger nuestra salud y nuestras vidas. Donde sí está habiendo mayores diferencias no es en el objetivo final, sino en las maneras para afrontar esta situación.

Como afirma el profesor Ángel Rivero en su libro de Geografía del populismo, el populismo es una expresión del malestar con la democracia, generalmente a partir de un contexto de crisis: económica, cultural, política o social. Para ello, el populismo necesita permanentemente un enemigo sobre el que focalizar la culpa de los males de la sociedad y ser el causante de las crisis: los ricos, la casta, los inmigrantes, etc. Como parte de su discurso antipolítico, ofrece soluciones simples a los problemas complejos de las sociedades modernas. En la actualidad, la imposibilidad de que “un virus chino” sea un enemigo político creíble para la mayor parte de la ciudadanía, provoca que su eficacia comunicativa habitual sea menor, y las personas prefieran otro tipo de liderazgos.

En este sentido, el ruido constante y los mensajes contraproducentes generados por líderes “carismáticos” como Trump o Bolsonaro han quedado silenciados por otro tipo de liderazgo más eficaz e inteligente como el de Angela Merkel, con palabras y respuestas bien recibidas por la mayoría de la población, como así muestra su subida de un 8% en la última encuesta realizada por Forsa en Alemania y que confirman la posición de dominio de la CDU (38% del total). Por el contrario, en los datos del partido Alternativa para Alemania (AfD, en sus siglas en alemán) se observa una caída de un 4-5% en los dos últimos meses (10% del total), debido a la incapacidad para ofrecer alguna propuesta de calado en la sociedad alemana. Esta desorientación de los partidos populistas no es exclusiva de Alemania. En el caso de Austria, el Partido de la Libertad de Austria (FPÖ) también cae un 3%, según los datos de Europe Elects. Una explicación a esta situación podría ser que, tanto en el caso de Austria como de Alemania, la crisis está siendo mucho menor en términos sanitarios que en otros países más afectados, como España o Italia. No obstante, el comportamiento de la Lega de Matteo Salvini o de Vox de Santiago Abascal, también muestra una caída en las encuestas de ambas fuerzas políticas –un 2,8% menos en el caso de la Lega y un 1,8% en el de Vox–.

Ante la posibilidad de elegir entre discursos más radicales o más moderados, estas sociedades están apostando por un rechazo de la radicalidad y por una mayor confianza en quienes, sin hacer tanto ruido, logran solucionar los problemas del presente a los que se deben enfrentar. La crisis sanitaria creada por la expansión de la covid-19 obliga a los líderes políticos a adoptar medidas complejas y eficaces. En un primer lugar para salvar vidas y lograr el menor número de afectados posible, y posteriormente para reactivar la economía y tratar de tener una recuperación rápida y exitosa.

A pesar de todas las incertidumbres, si algo parece claro es que de esta crisis sanitaria los Estados saldrán con un gran aumento de su deuda pública y, por tanto, con la necesidad de llevar a cabo una serie de recortes que tendrán un impacto en la sociedad. Será en este escenario más económico y de miedo donde sea más probable que los mensajes populistas vuelvan a tener una mayor acogida y puedan volver a encontrar un blanco a quien culpar de los males de nuestra sociedad democrática. O quizá de todo lo malo que nos ha traído la covid-19 hayamos aprendido alguna lección.