Identidad y Misión

La fundación

 

Somos un lugar donde las personas que tienen algo que decir y capacidad de influir en la vida pública entren en una verdadera conversación, donde encuentren un canal real y efectivo para conectar con el gran público.

Buscamos salir al encuentro de las ideas y de las personas, ser un sujeto activo en la escena política y no un espacio neutral. Contamos con las personas más preparadas, sin importarnos su afiliación política, saliendo de las trincheras ideológicas, para recuperar la cultura política del encuentro y la conversación sosegada.

Nuestra posición, sin filiación de partido, nos da la perspectiva necesaria para poder convocar a las élites culturales, económicas, académicas y políticas de distinta procedencia.

Somos un lugar de encuentro amable y receptivo, donde las personas más influyentes de nuestro tiempo puedan juntarse y conversar con confianza y con la certeza de que esos encuentros serán fecundos y constructivos.

Nuestra misión es recuperar una cultura de la conversación, que es la que ha dado origen a Europa, y la que permitirá que podamos afrontar los grandes temas de nuestra época con esperanza y posibilidad de construcción.

Realizamos una labor divulgativa y educativa porque las ideas pertenecen a todos y no deben ser exclusivas de las élites. De esta conversación surgirá un sujeto libre, un “nosotros” no partidista, que será capaz de hacer una cultura y una política para nuestro tiempo.

Persiguiendo metas

Objetivos y fines

 

Para la realización de sus fines y el cumplimiento de sus objetivos, se realizarán las siguientes actividades:


  • Conversaciones públicas ante un gran aforo. Grabadas y editadas para contenido audiovisual.

  • Encuentros de un fin de semana con un grupo de personas para tener una conversación larga que luego pueda ser publicada.

  • Entrevistas a personajes públicos para poder publicarlas.

  • Cursos de formación de jóvenes entre 25 y 35 años.

  • Encuentros privados para fomentar un diálogo en situaciones que de otro modo no serían factibles.

  • Producción de contenido audiovisual que pueda hacer accesible al gran público el contenido generado en las conversaciones anteriores.

  • Publicación de artículos, libros y formato audiovisual.

  • Divulgación del contenido que se produzca.

Necesidad de una conversación

 

La política como conversación es nuestro gran valor cultural. Todas las formas políticas se asientan en un modo particular de comprender la vida y, por esta misma razón, es necesario recuperar una conversación sobre nuestra cultura. La regeneración de las instituciones se puede afrontar desde la inmediatez, y esto es tarea del que tiene el poder de hacerlo, pero mucho más importante es fortalecer la cultura sobre la que se asientan.

El malestar que afecta a la cultura contemporánea es cada vez más perceptible y es uno de los síntomas más agudos de las democracias occidentales. El auge de los populismos se explica por su habilidad para hacerse portavoces del descontento y por proponer soluciones muy sencillas a problemas extremadamente complejos.

El malestar, sin embargo, se debe en la mayoría de los casos a la incapacidad de comprender la realidad. El hecho de no poder entender los cambios que suceden en la vida política provoca que precipitemos juicios temerarios sobre el presente, normalmente extremos en una de los siguientes sentidos: o ingenuamente optimistas, o destructivamente pesimistas. Cualquiera de las dos opciones supone una salida de la historia y, por tanto, de la política.

Es posible que una mala comprensión nos lleve a empeorar las cosas. Para que estas mejoren y para que el cambio que se percibe vaya en sentido ascendente hace falta abordar, como sugiere Víctor Pérez Díaz, las siguientes cuestiones:


  1. Claridad sobre los presupuestos culturales sobre los que se asientan nuestras instituciones. Por tanto, no es acertado en estos momentos afrontar las cuestiones culturales desde un enfoque institucional o de “Políticas Públicas”. Las circunstancias piden una clarificación sobre los símbolos comunes.“ Como sugiere Víctor Pérez Díaz, ”la atención a las instituciones es importante. Cierto. Pero como las instituciones no son mecanismos de funcionamiento automático, como sólo son reglas y sanciones que incentivan o desincentivan conductas, al final, lo más importante es la cultura de las gentes que subyace en el uso que hacen de las instituciones”.

  2. Generar un espacio común, civilizado, donde las “izquierdas” y las “derechas” se reencuentren y recuperen el valor del pacto político. Salir, en la medida de lo posible, de la “real politik”, de la dialéctica “amigo-enemigo”, para recuperar una conciencia de la tarea común que, en ningún caso, debe ser monopolizada por un único actor.

  3. “Reforzar la virtud cívica de los ciudadanos”. La buena salud de la vida política es inseparable de un aprendizaje político que empieza por aceptar siglas de distinto signo, por reconocer que el extraño no es un enemigo y que todavía tenemos muchas cosas en común con los que creemos que son nuestros enemigos. De esta manera se suaviza el malestar, se mitigan las tensiones y se llega a puntos comunes que podrían parecer inalcanzables.

  4. Comunicar las distintas realidades influyentes entre sí. Como decía T.S.Elliot recién terminada la Segunda Guerra Mundial, “la creciente debilidad de nuestra cultura se debe, en parte, al progresivo aislamiento de las elites entre sí, de modo que la elite política, la filosófica, la artística y la científica están separadas unas de otras”. Poner en diálogo a las personas más influyentes en cada uno de sus ámbitos es un presupuesto de la vida política. El deterioro de esta gran conversación es sin duda una de las causas del creciente malestar cultural.

  5. Ampliar la vida política a realidades más extensas, haciendo partícipes a los ciudadanos de las cuestiones que más les afecten. El diálogo entre las elites no debe permanecer cerrado e incomunicado. No sería bueno ni para ese diálogo ni para la cultura. Cuanto mayor sea el monopolio de la actividad política en manos de las oligarquías mayor será el malestar y más difíciles las soluciones. Hacer llegar el diálogo sobre la cultura política a minorías más amplias, haciéndoles partícipes en la medida de lo posible de los debates, preguntas y problemas, es sin duda la manera de hacer progresar la vida política.


Por estas razones entendemos que la conversación debe ser el eje vertebrador de nuestra propuesta. La conversación es el fundamento de nuestra cultura política y debemos sacarla de nuevo a la superficie, hacerla visible, compartirla y proponerla como valor para la convivencia y la construcción política.